En medio de la crisis en Oriente Próximo, Bagdad busca rutas alternativas para evitar la saturación de sus depósitos petroleros y mantener el flujo de sus exportaciones.
Irak ha reabierto el paso fronterizo de Rabia, en la provincia septentrional de Nínive, con Siria, un cruce que permaneció paralizado durante más de una década tras el estallido de la guerra civil siria y que no se restableció tras su finalización. La medida responde a la necesidad de encontrar soluciones terrestres para las exportaciones de petróleo ante el bloqueo del Estrecho de Ormuz.
Tradicionalmente, en tiempos de paz, Irak realizaba gran parte de sus exportaciones de petróleo a través de este estrecho marítimo, de solo 30 kilómetros de ancho, por el que circula el 20% del comercio mundial de petróleo y gas. Sin embargo, desde el estallido de la guerra iraní hace casi dos meses, el tráfico a través del paso marítimo está bloqueado o completamente paralizado, lo que ha generado una nueva situación para el país.
Los depósitos de petróleo iraquíes se encuentran cada vez más llenos ante la dificultad para transportar las materias primas extraídas. Ante esto, las autoridades han optado por el transporte terrestre utilizando camiones para llevar el combustible iraquí hasta el mar Mediterráneo a través del paso fronterizo reabierto de Rabia.
La petrolera estatal iraquí SOMO ya ha firmado contratos para transportar 650.000 toneladas de petróleo por tierra. Se espera que esta vía no solo alivie la presión sobre la industria petrolera del país, sino que también impulse el comercio entre Irak y Siria.
Hasta ahora, ambos países operaban con un único paso fronterizo, donde los camiones de combustible ya se encuentran saturados. La reapertura de Rabia plantea, no obstante, un serio desafío para los guardias fronterizos y las empresas de transporte.
Persiste la incertidumbre sobre la posible reapertura del Estrecho de Ormuz y el restablecimiento del flujo marítimo habitual.
