Pese a una leve contracción general en el mercado de Obligaciones Negociables, las empresas de energía concentraron casi la mitad del volumen emitido en el primer trimestre, destacándose por plazos de financiamiento superiores a los 10 años y mejores tasas de interés.
El mercado argentino de Obligaciones Negociables (ONs) cerró el primer trimestre de 2026 con un volumen total de emisiones de 3.930 millones de dólares, lo que implica una baja interanual del 2%, según datos del informe elaborado por RICSA. A pesar de este retroceso, el sector energético se mantuvo como el pilar fundamental del financiamiento corporativo en el país, captando 1.848 millones de dólares, lo que representa el 47,03% del total emitido en el período.
El desempeño del sector se caracterizó por una fuerte preferencia por la moneda extranjera: el 90,9% de los fondos captados fueron en dólares. Esta tendencia, sumada a la búsqueda de proyectos de largo aliento, permitió a las compañías energéticas acceder a plazos de repago significativamente extensos. Entre los casos más destacados figuran Pan American Energy, con colocaciones que alcanzan los 133,9 meses, y YPF, con instrumentos a 97,1 meses.
El ranking de los mayores emisores del trimestre estuvo encabezado por YPF, que captó 711 millones de dólares, seguida por Pan American Energy (375 millones), Pampa Energía (200 millones), Pluspetrol (167 millones) y Oleoductos del Valle (110 millones).
Un dato positivo para la industria fue la mejora en las condiciones de acceso al crédito. La tasa promedio de las emisiones en dólares se ubicó en el 7,94% nominal anual, una cifra inferior al 10% registrado en el primer trimestre de 2025. Este descenso en el costo del financiamiento refleja una mayor confianza y mejores condiciones relativas para las empresas del sector en un entorno macroeconómico que continúa siendo desafiante.
De acuerdo con el análisis, la resiliencia del sector energético en el mercado de capitales se explica por la diversidad de sus subsectores, que abarcan desde la exploración y producción hasta el transporte, la generación y la distribución. Esta estructura permite a las compañías mantener su capacidad de captar recursos en moneda dura, reafirmando su rol como el principal motor de inversión y financiamiento corporativo en la Argentina.
