El dirigente de UNIR Diego Bavio advierte que la provincia enfrenta una oportunidad real con el regreso del capital minero y energético, pero alerta que sin tejido productivo, alivio impositivo y fortalecimiento pyme, la recuperación seguirá siendo lejana para la mayoría de la población.
Santa Cruz tiene recursos, inversiones y una nueva oportunidad. Lo que todavía no tiene, según advierte el dirigente de UNIR Diego Bavio, es un modelo capaz de convertir esa riqueza en desarrollo real, alivio económico y movimiento social concreto. En su análisis, la provincia no atraviesa una recuperación, sino, en el mejor de los casos, una pausa dentro de una crisis más larga.
Después de años de estancamiento, retroceso productivo y deterioro del empleo, Santa Cruz parece haber dejado atrás la fase más aguda de su caída. Sin embargo, Bavio advierte que eso no significa haber encontrado un rumbo, sino apenas haber dejado de caer al mismo ritmo. La diferencia, sostiene, es central para no caer en lecturas complacientes de la coyuntura.
La provincia vuelve a ser observada por el capital minero, energético y extractivo, pero no porque haya construido una estrategia ejemplar de desarrollo. Petróleo, gas, minerales, viento, territorio, litoral marítimo y posición geográfica siguen haciendo de Santa Cruz un espacio objetivamente valioso. El problema, según el dirigente, es que esa riqueza estructural no fue convertida en una economía sólida, diversificada y socialmente estable.
En ese contexto, Bavio reconoce que el Gobierno nacional acertó en un punto clave: sin estabilidad macroeconómica ni reglas previsibles, no hay posibilidad seria de reactivar regiones periféricas ni de atraer capital hacia sectores que estuvieron paralizados. En esa línea, valora al RIGI como una herramienta útil para abrir una nueva etapa de inversión en territorios como Santa Cruz, donde la escala de los proyectos exige condiciones que Argentina durante mucho tiempo no supo ofrecer. Sin embargo, advierte que sería un error creer que la sola llegada de grandes capitales resolverá por sí misma el problema económico de la provincia.
Un ejemplo concreto de esa fragilidad es la salida de YPF de áreas maduras en el norte provincial, un episodio que generó un impacto económico y laboral que todavía se siente en distintas localidades. Para Bavio, ese hecho expuso algo más profundo que una simple decisión empresarial: la fragilidad de un esquema excesivamente dependiente de una sola actividad y de pocos actores. Durante años, buena parte de la economía hidrocarburífera santacruceña funcionó bajo una lógica de enclave. Mientras la actividad se sostuvo, el modelo pareció suficiente. Cuando uno de sus pilares se retiró, quedó a la vista la falta de un entramado económico capaz de amortiguar el impacto.
La enseñanza que extrae el dirigente es clara: ninguna estrategia de desarrollo puede basarse exclusivamente en sectores de alta rentabilidad pero baja capilaridad. Sin tejido productivo, la riqueza pasa. Con tejido productivo, la riqueza queda.
Hoy Santa Cruz tiene, otra vez, una ventana. La minería ofrece perspectivas de expansión, nuevas operadoras petroleras intentan recomponer parte del terreno perdido y la provincia vuelve a captar atención económica. Pero Bavio advierte que los efectos de los grandes proyectos mineros, energéticos o de infraestructura suelen ser lentos, selectivos y de maduración prolongada. Eso implica que la provincia puede estar entrando en una nueva etapa de inversión sin que eso se traduzca, al menos en el corto plazo, en una mejora visible en la vida cotidiana de la mayoría de su población.
Frente a ese escenario, el dirigente sostiene que el primer golpe de recuperación real no lo darán necesariamente las grandes empresas, sino la capacidad de activar una economía pyme que vuelva a mover empleo, consumo y circulación local. Una provincia, argumenta, no empieza a sentirse mejor sólo cuando exporta más, sino cuando vuelve a haber trabajo, contratistas, talleres, comercio, servicios, pequeñas obras, proveedores y familias que recuperan margen para consumir.
Por eso, el verdadero desafío de Santa Cruz, según Bavio, no es sólo atraer capital, sino transformar la renta en densidad económica: pasar de la lógica del enclave a la construcción de un ecosistema productivo. Una agenda concreta de encadenamientos productivos, proveedores locales, servicios técnicos, logística, formación profesional, financiamiento para pymes y articulación entre grandes proyectos y economías locales. La primera industrialización posible de Santa Cruz, propone, no es la gran planta, sino la profesionalización de su red de servicios productivos.
A esto se suma, en su análisis, una dimensión que no debería quedar fuera de ninguna discusión seria sobre desarrollo provincial: el bolsillo de la gente común. Bavio señala que si existe un impuesto con impacto casi inmediato sobre la vida cotidiana y la capacidad de consumo de la población, ese impuesto es el IVA. En una economía provincial golpeada, donde el margen de familias y comercios se encuentra comprimido, reducir esa presión sobre el consumo se vuelve indispensable para cualquier estrategia de recuperación real.
La conclusión del dirigente es que Santa Cruz no necesita elegir entre renta y desarrollo, sino usar la primera para construir el segundo. La gran inversión prepara el terreno, la pyme mueve la economía, y el alivio impositivo puede encender, de manera más inmediata, el consumo y la circulación que hoy siguen faltando en muchas localidades de la provincia. Una provincia, concluye Bavio, no se desarrolla sólo cuando exporta más, sino cuando logra vivir mejor alrededor de lo que exporta.

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