La petrolera estatal firmó los convenios de cesión de áreas maduras como parte del Proyecto Andes, una iniciativa alineada con su Plan 4×4 para concentrar inversiones en Vaca Muerta. El Clúster Malargüe quedará en manos de Venoil S.A., sujeto a la aprobación final del Gobierno de Mendoza.
YPF dio un paso clave en su proceso de reestructuración estratégica al oficializar la firma de los convenios para desprenderse de activos convencionales en las provincias de Mendoza y Chubut. En el caso mendocino, la novedad central es la confirmación de que el denominado Clúster Malargüe será transferido a la empresa Venoil S.A., que se encamina a convertirse en la nueva operadora del área una vez cumplidas las instancias administrativas correspondientes.
La cesión se enmarca en el denominado Proyecto Andes, una iniciativa que forma parte del Plan 4×4 impulsado por la petrolera estatal. Esta estrategia apunta a optimizar el portafolio de YPF mediante la salida progresiva de campos maduros y convencionales, para concentrar recursos financieros y técnicos en el desarrollo de la producción no convencional, con eje en Vaca Muerta.
El objetivo de fondo de la compañía es fortalecer su posicionamiento exportador y alcanzar, hacia 2031, ventas externas por unos 30.000 millones de dólares anuales, apalancadas principalmente en el crecimiento del shale oil y el shale gas.
En cuanto a los detalles de los acuerdos firmados, en Mendoza el convenio fue suscripto con Venoil S.A., que asumirá el control del Clúster Malargüe una vez que el Gobierno provincial otorgue su aprobación final. En paralelo, en la provincia de Chubut, YPF cedió el área Manantiales Behr a Limay Energía S.A., firma perteneciente al Grupo Rovella Capital.
Desde el punto de vista operativo, el traspaso de los activos no será inmediato. Los convenios quedan sujetos a la validación de las autoridades provinciales, paso indispensable para que las nuevas operadoras puedan asumir formalmente la gestión y explotación de los bloques.
Para Malargüe, la llegada de una nueva operadora abre un escenario de expectativas en el sector energético local. Empresas de menor escala, como Venoil, suelen contar con estructuras de costos más ajustadas, lo que les permite reactivar pozos y áreas que para las grandes compañías dejaron de ser rentables. En ese sentido, el cambio de operador podría traducirse en una reactivación de la actividad en yacimientos maduros, con impacto en el empleo y en la cadena de servicios del departamento.
De este modo, la cesión del Clúster Malargüe se inscribe en una doble lógica: para YPF, profundizar su foco en el negocio no convencional; para la región, abrir una nueva etapa en la explotación de áreas tradicionales que aún conservan potencial productivo.

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