El secretario de Energía, Daniel González, anticipó durante el AmCham Summit que el país alcanzará una producción petrolera sin precedentes este año. El hito se atribuye al crecimiento exponencial de Vaca Muerta, en un contexto de cambios económicos y normativos que buscan atraer grandes inversiones y posicionar a Argentina como un proveedor energético confiable a nivel global.
La industria hidrocarburífera argentina se encuentra en un punto de inflexión que le permitirá alcanzar metas de producción históricas en el corto plazo. Así lo aseguró el secretario de Energía, Daniel González, quien proyectó que el país batirá un récord significativo en los próximos meses gracias al impulso de Vaca Muerta. «Creo que vamos a tocar el millón de barriles de producción de petróleo este año», sentenció el funcionario durante su participación en el AmCham Summit 2026.
Este crecimiento se da tras haber cerrado el año pasado con una marca de 890.000 barriles diarios. Para González, el factor determinante que impulsa este salto productivo es un cambio de paradigma económico. El secretario definió la nueva orientación como «la vuelta de la Argentina al capitalismo», lo que convierte al territorio en un destino atractivo para los inversores. «Lo más relevante es haber vuelto a un país normal», afirmó ante el auditorio de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina.
En su exposición, destacó que una macroeconomía ordenada, con tendencia a la baja de impuestos e inflación, ofrece la certidumbre necesaria para el desarrollo de proyectos de gran escala. En el plano normativo, el gobierno considera la Ley Bases y las reformas en la Ley de Hidrocarburos como pilares para la previsibilidad jurídica. González explicó que el marco regulatorio actual prioriza la maximización de los recursos y el alineamiento con los precios internacionales, evitando intervenciones artificiales como el «barril criollo».
Un elemento central de esta estrategia es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), calificado por el secretario como una «historia de éxito». Anunció que ya hay varios proyectos de upstream listos para ingresar al régimen, que busca hacer viables áreas de perforación que antes no eran rentables. «Vamos a ver un aumento de inversiones en el sector de petróleo y gas fortísimo en los próximos 18 meses», pronosticó.
Las proyecciones optimistas se extienden también al gas natural, aunque su crecimiento está supeditado a la finalización de infraestructura clave. González adelantó que el país está a poco más de un año de contar con su primera terminal de licuefacción, lo que disparará el desarrollo del sector.
Esta transformación, sumada al potencial minero, podría resolver uno de los problemas crónicos de la economía argentina. El funcionario estimó que, en un plazo de cinco años, la balanza comercial combinada de energía y minería podría alcanzar los 60.000 millones de dólares. «En la medida que mantengamos este rumbo, no existirá más la restricción externa», aseguró, en referencia a la escasez de divisas que ha marcado ciclos económicos anteriores.
Finalmente, González reafirmó que el nuevo rol del Estado es crear las condiciones para que el sector privado se desarrolle, en un contexto global donde la seguridad energética ha ganado protagonismo. Según su visión, Argentina se posiciona como un proveedor confiable y alejado de las tensiones geopolíticas, con una ventaja competitiva basada en sus recursos y su ecosistema corporativo.
