El Ministerio de Finanzas ruso atribuyó la baja a la caída de los precios del crudo y al impacto de las sanciones estadounidenses sobre las principales petroleras del país. Mientras tanto, el gasto público volvió a crecer y el Gobierno anticipa subas de impuestos para sostener el presupuesto de 2026.
Los ingresos de Rusia por la venta de petróleo y gas registraron en 2025 una fuerte contracción interanual del 23,8%, según informó este lunes el Ministerio de Finanzas. De acuerdo con el organismo, los recursos provenientes del sector energético totalizaron 8,477 billones de rublos, equivalentes a unos 109.000 millones de dólares.
Las autoridades rusas explicaron la caída principalmente por la baja de los precios internacionales del petróleo, aunque también señalaron el impacto de las sanciones impuestas por Estados Unidos en noviembre pasado contra Rosneft y Lukoil, las dos mayores compañías petroleras del país. Estas restricciones afectaron la capacidad de generación de ingresos del sector, históricamente clave para las cuentas públicas rusas.
En contraste, los ingresos del presupuesto federal no vinculados al petróleo y el gas mostraron un desempeño positivo. Según Finanzas, estos recursos ascendieron a 28,807 billones de rublos (unos 370.000 millones de dólares), lo que representa un incremento interanual del 12,6%. El aumento se explica, en gran medida, por una mayor recaudación impositiva.
En materia de gasto, el presupuesto federal ruso alcanzó en 2025 los 42,928 billones de rublos (alrededor de 552.000 millones de dólares), un 6,8% más que el año anterior, de acuerdo con las primeras estimaciones oficiales. Como resultado de este desbalance entre ingresos y erogaciones, el ejercicio cerró con un déficit fiscal de 5,645 billones de rublos, equivalentes a unos 72.000 millones de dólares.
De cara a 2026, el Ministerio de Finanzas anticipó que el Gobierno priorizará el gasto militar, lo que implicará un endurecimiento de la política tributaria para el resto de la economía. Entre las medidas previstas se destacan aumentos en el IVA, en el impuesto a las personas físicas y en el impuesto a las sociedades, así como la eliminación de beneficios fiscales para trabajadores autónomos y la mayoría de las pequeñas y medianas empresas.
El paquete también contempla subas en las tasas aplicadas a los automóviles, pese a la situación de deterioro del sector, y un incremento de la carga impositiva sobre las empresas tecnológicas, entre otras iniciativas orientadas a reforzar la recaudación del Estado.
El retroceso de los ingresos energéticos vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de las finanzas rusas frente a la evolución de los precios internacionales y a las sanciones externas, en un contexto de mayores exigencias presupuestarias y crecientes tensiones geopolíticas.

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