Tras una caída del 20% en 2025, analistas proyectan un escenario de precios del crudo contenidos para 2026. La promesa de mayor oferta desde Venezuela, impulsada por Donald Trump, refuerza expectativas bajistas y reconfigura el mapa de inversiones del principal motor de divisas de la Argentina.
La economía argentina logró en los últimos años un giro estructural al pasar de importador neto de energía a exhibir superávit comercial gracias al desarrollo de Vaca Muerta. El shale se consolidó como fuente clave de dólares para compensar un déficit de cuenta corriente persistente y un financiamiento externo escaso. Sin embargo, el precio internacional del petróleo —variable que el Gobierno no controla— vuelve a encender señales de alerta.
El reordenamiento geopolítico en Venezuela, tras la operación que desplazó del poder a Nicolás Maduro y la promesa de Donald Trump de habilitar un ingreso masivo de petroleras estadounidenses, reforzó las expectativas bajistas sobre el crudo. El objetivo político de la Casa Blanca es claro: petróleo barato para contener la inflación en un año electoral y ampliar la oferta global en el mediano plazo.
Aunque Venezuela afirma contar con más de 300.000 millones de barriles de reservas probadas, su producción actual ronda apenas el millón de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que bombeaba a fines de los 90. Esa brecha entre potencial y realidad explica por qué el impacto inmediato sobre los precios sería limitado y, en todo caso, reforzaría el sesgo a la baja.
“El precio va a tender a bajar en el corto o mediano plazo”, sostuvo Daniel Dreizzen, de Aleph Energy. En la misma línea, Orlando Ferreres y Asociados señaló que la baja participación venezolana relativiza cualquier efecto inmediato sobre el mercado global, más allá de episodios de volatilidad.
El riesgo para Vaca Muerta no está tanto en el presente como en las expectativas. Los precios se forman mirando hacia adelante y la promesa de una Venezuela nuevamente integrada al mercado pesa en las decisiones de financiamiento. Los bancos y las petroleras evalúan ese escenario potencial al definir inversiones de largo plazo.
El telón de fondo es un mercado que cerró 2025 con una caída del 20% en el precio del crudo, la más pronunciada desde 2020. El Brent, referencia para el Medanito argentino, se estabilizó apenas por encima de los 60 dólares, su nivel más bajo en cinco años. Ese valor ya obligó a las empresas que operan en Vaca Muerta a ajustar costos y priorizar proyectos.
Según Nicolás Arceo, de Economía & Energía, las proyecciones oficiales de producción y de superávit energético —estimado en unos US$ 7.400 millones para 2026— descansan en un barril cercano a los 62 dólares. “Si vamos a un barril de 50 dólares, la película será otra”, advirtió.
Juan José Carbajales, de Paspartú, planteó un escenario alternativo: una eventual suba del crudo podría acelerar inversiones, pero a costa de mayor conflictividad regional. “América del Sur dejaría de ser una ‘región de paz’, un activo geopolítico clave para los negocios globales de Argentina, especialmente en GNL”, explicó.
Para el programa económico de Javier Milei, el desafío no es la rentabilidad puntual del petróleo, sino su capacidad para generar los dólares necesarios. Con precios más bajos, se ralentizan inversiones y se reduce el flujo futuro de divisas; con precios más altos por shocks geopolíticos, se encarece la tasa de retorno y aumenta el riesgo.
Trump, además, enfrenta elecciones de medio término y prioriza nafta barata, lo que refuerza la expectativa de precios contenidos durante 2026. Aun así, el desembarco efectivo de petroleras estadounidenses en Venezuela llevará tiempo: cambios regulatorios, garantías de seguridad y la reconstrucción de una infraestructura deteriorada no son procesos inmediatos.
Chevron aparece como actor bisagra. Es la única petrolera estadounidense con operaciones en Venezuela y, al mismo tiempo, una socia histórica de YPF en Vaca Muerta. Sus decisiones de asignación de capital, en un contexto de precios bajos, pueden marcar el pulso del sector.
Vaca Muerta sigue siendo la mejor noticia estructural de la economía argentina. Pero con un barril bajo presión y un mundo que empuja los precios en sentido contrario, el shale por sí solo no alcanza para cerrar las cuentas ni para garantizar los dólares que el programa económico necesita para sostener su ancla cambiaria y el financiamiento del déficit externo.

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