La administración de Donald Trump confirmó que controlará la comercialización del petróleo venezolano y sumó nuevas condiciones al acuerdo en negociación. El plan incluye el envío de hasta 50 millones de barriles a Estados Unidos y la obligación de que Caracas utilice esos fondos para comprar exclusivamente productos “made in USA”.
Estados Unidos confirmó que ejercerá un control indefinido sobre la venta del petróleo venezolano y avanzó en la imposición de nuevas condiciones dentro del acuerdo energético que negocia con Caracas. Así lo afirmó el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, al señalar que Washington administrará tanto el crudo actualmente almacenado como la producción futura del país sudamericano.
“Vamos a comercializar el crudo que sale de Venezuela, primero el petróleo represado y luego, de manera indefinida, venderemos la producción que salga de Venezuela en el mercado”, aseguró Wright durante un evento del sector energético organizado por Goldman Sachs en Miami. Según estimó, la producción venezolana podría aumentar en el mediano plazo en unos 700.000 barriles diarios.
Las declaraciones se conocieron un día después de que el presidente Donald Trump anunciara que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos. El mandatario sostuvo que esos volúmenes, calificados como crudo “de alta calidad”, serán enviados a puertos estadounidenses y vendidos a precio de mercado, lo que podría representar ingresos superiores a los 2.000 millones de dólares.
Trump afirmó que los fondos obtenidos serán administrados por su gobierno para garantizar que se utilicen “en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”. En un mensaje difundido en su red social Truth, precisó que el petróleo será transportado en buques de almacenamiento y que el plan será ejecutado de inmediato bajo la supervisión directa del secretario de Energía.
Sin embargo, aún persisten dudas sobre la aceptación formal del esquema por parte de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez y sobre el marco legal que respaldaría la operatoria. El propio Wright sostuvo que el control de las ventas de crudo es una “palanca clave” para impulsar un cambio político en Venezuela.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, explicó que la Casa Blanca utilizará el régimen de sanciones vigente —especialmente sobre el sector petrolero y las bandas criminales— como principal herramienta de presión sobre las autoridades venezolanas. En esa línea, el Departamento de Energía informó que las sanciones se levantarán de manera selectiva para permitir el envío y la venta del crudo, mientras que los ingresos serán depositados en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos internacionales.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Washington tiene un “plan de largo plazo” para Venezuela y que la incautación y comercialización del petróleo constituye la primera acción visible de esa estrategia. Según indicó, el crudo comenzará a llegar “muy pronto” a Estados Unidos y los fondos se distribuirán bajo decisión de la administración Trump.
Por su parte, la petrolera estatal venezolana Pdvsa confirmó por primera vez que negocia la venta de petróleo a Estados Unidos. En un comunicado, aseguró que el proceso se desarrolla bajo esquemas comerciales similares a los vigentes con empresas internacionales como Chevron, y que se basa en criterios de legalidad, transparencia y beneficio mutuo.
Más tarde, Trump agregó una nueva condición al acuerdo al anunciar que Venezuela utilizará los ingresos del petróleo para comprar exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos. Según detalló, las compras incluirán alimentos, medicamentos, dispositivos médicos y equipamiento para mejorar la red eléctrica y energética venezolana. “Venezuela se compromete a hacer negocios con Estados Unidos como su principal socio”, afirmó.
El anuncio tuvo impacto inmediato en el mercado internacional del crudo. La expectativa de una mayor oferta en un contexto ya excedentario presionó los precios a la baja. El barril de Brent cayó un 1,22% hasta los 59,96 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) perdió un 2% y cerró en 55,99 dólares.
Analistas señalaron que los envíos anunciados reducen el riesgo de que Venezuela deba recortar su producción por falta de capacidad de almacenamiento, al tiempo que alivian temores sobre el suministro global. No obstante, el acuerdo también implicaría un desvío de cargamentos que hoy tienen como destino a China, principal comprador del crudo venezolano, lo que generó críticas desde Pekín.
Venezuela posee cerca de una quinta parte de las reservas mundiales de petróleo, estimadas en unos 303.000 millones de barriles, en su mayoría crudos pesados y extrapesados. Sin embargo, expertos advierten que un aumento rápido de la producción se ve limitado por la infraestructura obsoleta, los bajos precios y la persistente incertidumbre política.
En ese contexto, Trump anunció que esta semana recibirá a los jefes de las principales petroleras estadounidenses para discutir las oportunidades de inversión en Venezuela. El objetivo, según la Casa Blanca, es reconstruir la infraestructura energética del país sudamericano bajo un esquema alineado con los intereses estratégicos de Estados Unidos.

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