La empresa estatal alcanzó las 190 toneladas de dióxido de uranio en 2025, un hito para la soberanía energética. Sin embargo, la persistencia de la planta en una zona urbana y la falta de remediación de «El Chichón» mantienen el conflicto con la Municipalidad de Córdoba.
Dioxitek S.A., la compañía estratégica vinculada a la industria nuclear argentina, atraviesa un presente de contrastes. Por un lado, la firma estatal cerró el año 2025 con un récord de producción de 190 toneladas de polvo de dióxido de uranio, insumo crítico para el combustible de las centrales nucleares nacionales. Esta cifra permitió cubrir gran parte de la demanda interna y reducir sensiblemente las importaciones del sector.
Por otro lado, la operatividad de su planta principal en el barrio Alta Córdoba continúa en el centro de una disputa histórica. Pese a que el plan original contemplaba el traslado de las operaciones a una nueva planta en Formosa, el gerente de Asuntos Jurídicos de la empresa manifestó recientemente que la fábrica permanecerá en su ubicación actual, por lo menos, durante ocho años más.
El desafío ambiental: «El Chichón» y los pasivos históricos
El conflicto con la Municipalidad de Córdoba no es nuevo. En noviembre de 2014, la planta fue clausurada por violar ordenanzas de uso del suelo y carecer de certificados básicos de seguridad. Aunque la clausura no detuvo la producción, sirvió para reiterar exigencias que llevan tres décadas sin cumplirse.
El punto más crítico de la remediación ambiental es el sector conocido como «El Chichón»: un promontorio de 57.600 toneladas de residuos radiactivos de baja intensidad. Estos desechos se originaron en la década de 1950, tras experimentos de la CNEA sobre minería de uranio. La Municipalidad ha vuelto a plasmar en un nuevo acuerdo la obligación del retiro total de la planta y la remediación definitiva de este pasivo ambiental.
Un proceso industrial bajo la lupa
Dioxitek transforma el concentrado de uranio (yellowcake) en dióxido de uranio. Según especialistas, se trata de un proceso intrínsecamente complejo debido a que:
- Manipulación de sustancias: Se trabaja con uranio natural (tóxico químico y radiactivo) y ácidos fuertes.
- Residuos: El proceso genera efluentes líquidos, sólidos y gaseosos con presencia de uranio, radio-226 y torio.
- Persistencia: Aunque las dosis radiológicas se consideran bajas, los residuos generados son de gran volumen y pueden persistir por miles de años.
Impacto social y estratégico
Ubicada en plena zona urbana, a pocas cuadras de donde ocurrió una explosión fabril que conmocionó a la ciudad en 2014, la planta es vista por los vecinos como un riesgo latente. No obstante, su valor estratégico es innegable: además del uranio, Dioxitek es clave en la producción y comercialización de Cobalto-60, un radioisótopo esencial para la medicina y la industria que se gestiona desde el Centro Atómico Ezeiza.
Mientras la producción alcanza niveles históricos para garantizar la energía nuclear del país, el futuro de la planta en Alta Córdoba sigue atado a una cadena de compromisos incumplidos, deudas de remediación y un traslado que, pese a los convenios firmados, parece postergarse una década más.
