El potencial de Vaca Muerta como un importante exportador de gas a la región enfrenta obstáculos clave, principalmente la falta de infraestructura de transporte. Para concretar su ingreso a Brasil con volúmenes firmes y de largo plazo, Argentina necesita construir un nuevo gasoducto con una inversión estimada que podría superar los USD 2.000 millones, según el plan de la transportadora TGN.
El proyecto más ambicioso consiste en un gasoducto que conectaría Neuquén con el sur de Córdoba, integrándose con las redes existentes y permitiendo transportar hasta 20 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/día). Esta obra sería la alternativa a ductos saturados como el Perito Moreno y el Centro Oeste, facilitando la salida del gas desde Vaca Muerta hacia el centro del país y, desde allí, hacia el exterior, en particular a Brasil y otros destinos regionales.
Actualmente, Argentina exporta gas a Chile, Bolivia, Uruguay y Brasil, aunque en volúmenes limitados. La capacidad de los ductos existentes, salvo el vínculo con Uruguayana, ya está prácticamente en uso, y los analistas consideran que el potencial de demanda regional es mucho mayor, con Brasil como principal destino estratégico.
Para ampliar la oferta, TGN evalúa opciones con menor volumen (de 10 a 15 MMm³/día), buscando reducir costos y aumentar la flexibilidad. Brasil, que busca diversificar su matriz energética y fortalecer su industria, muestra interés en el gas de Vaca Muerta, especialmente en el sur del país, dejando atrás su dependencia de Bolivia. Aunque actualmente se exportan volúmenes estacionales, la meta es consolidar contratos firmes que requieran infraestructura nueva.
El financiamiento de la obra, que supera los USD 2.000 millones, dependerá en gran medida de la demanda interna, en particular de la generación termoeléctrica. Para ello, las autoridades regulatorias eléctricas deberán adaptar las reglas para que los generadores puedan adquirir capacidad de transporte firme por al menos 15 años.
En cuanto a las rutas de exportación, la más razonable sería la que atraviesa Bolivia, aunque enfrenta obstáculos por tarifas excesivas, ya que Bolivia exige USD 1,9 por millón de BTU, en contraste con las tarifas argentinas de USD 0,40 a 0,50, una diferencia significativa que complica las negociaciones. Alternativamente, se consideran rutas a través de Paraguay o el sur de Brasil, que también implican negociaciones y nuevas inversiones.
Pese a estos desafíos regulatorios y de costos, la industria mantiene un optimismo moderado, estimando que, una vez que los generadores locales puedan comprar capacidad de transporte de forma estable, el proyecto podría comenzar en seis a ocho meses.

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